Silencio…

•Diciembre 19, 2009 • Dejar un comentario

Te vas y me quedo, la vida no espera pero yo sólo tengo tiempo, gris tiempo que congela cuando veo tu recuerdo. Yo sólo tengo tiempo, soy un segundo infinito que espera la hora incompleta, momento deshecho en estambres de miedo, de dolor, de tristeza por el abandono del gran ser extremo del aire que envuelve de sudor por sentir tu cuerpo y el mío, pero no verte a mi lado me devuelvo al roto presente del día de mañana, el calor es del sol de la tarde y no de tu piel, nunca de tu piel ni de tu cuerpo. Las noches se vuelven un soplo de niebla, la luna ilumina con un aire de sal y agua en la herida abierta, mi rostro en la almohada es sólo una estatua y un lamento eterno, y el llanto no cesa porque vivir significa contemplarte en mi cabeza. Te vas y yo me quedo, te vas conmigo pero me quedo sin ti. Te llevas lo que soy, me dejas gris y vacío. Si intento hacer lo que antes hacía, me doy cuenta del silencio que llena mi vida cuando no estás.

Buscando…

•Noviembre 30, 2009 • Dejar un comentario

En el camino de regreso me di cuenta… el naranja de la tarde acentúa todo pensamiento, y más si hay nubes que dramaticen los efectos de la luz a través de las ventanas de un camión lleno. Constantes del estado de ánimo, la tarde y el camión.  Hasta parecen características inherentes a la aglomerada soledad del que se mueve en la búsqueda. El camión se pasó un alto de forma descarada, y la cantidad de mentadas de madre me trajo de vuelta al ahora y entonces. Mientras la patrulla detenía al conductor, tan sólo para aceptar treinta o cuarenta pesos que significarán seguir recorriendo la ciudad, traté de recordar.  Y me encontré de vuelta en la Merced, cruzando calles atiborradas de gente y color y olor y ambientes extraños que parecían evidenciar el verdadero motivo por el que me encontraba ahí. En ese momento la palangana que traía bajo el brazo, y de la que tenía que conseguir 32 copias idénticas, no era mas que una excusa, un pretexto de siete setenta al mayoreo detrás del que me escudo para evitar decirme a mí mismo lo que ya sé. Y es que camino las calles más improbables a la espera tu silueta, sospechando que en cada esquina que cambio de rumbo defino las circunstancias del encuentro que jamás ocurrirá, me alejo de la ruta por la que habría de encontrarte… porque eso hago, te busco, te anhelo en el más extraño de los escenarios, te siento en el más improbable de los accidentes, y a cada paso te pierdo en la penumbra transparente del desencuentro inagotable.

Cada momento marca un nuevo desencuentro dentro de la ilimitada lista, pero el uno en un millón no llega, el encuentro solitario que borraría mis tardes naranjas con camiones y sombras y nubes y mi cabeza recargada en la ventana sin saber si tengo los ojos abiertos y observo o imagino lo que me rodea intentando precisamente escapar a la propia tarde y el camión…

Soledad, tristeza…

•Noviembre 22, 2009 • Dejar un comentario

En partes iguales…  En el fondo es como me siento. Platicaba con un amigo a propósito de un blog, que me recordó precisamente lo tangible que eran ambas en mi vida, y me dio la bienvenida a su mundo. Creo que, de ser suyo, lo he habitado por siempre. Pero sería mucho más cercano a la realidad entender ese otro mundo como de nadie, ni suyo ni mío, simplemente un mundo más pequeño que está envuelto por el mundo existente. La contemplación, la introspección, la tendencia al aislamiento,características comunes en menor o mayor medida. La soledad encierra y define, separa del resto, determina… ¿o acaso es la tristeza? El eterno dilema del huevo y la gallina, donde por cierto hasta hace poco estaba seguro que primero fue el huevo, pero ahora… difícil decidir, recordar o simplemente querer darme cuenta si primero me supe sólo, o primero me sentí triste. Tal vez ni siquiera hay una frontera entre los dos términos, a fin de cuentas simples palabras para intentar aproximaciones a un estado que va más allá de cualquier explicación, un estado de ánimo que tiene que ver con las percepciones internas y externas de uno mismo, de nuestra relación con el mundo circundante inmediato, y luego el que está más lejos, y más cada vez, hasta terminar abarcando todo… supongo que el miedo a no poder definirlo hace precisamente que queramos delimitarlo hasta sus fracciones más insignificantes, y entonces melancolía y abatimiento, y ausencia y abandono… pero tiene mucho más sentido que todo sea lo mismo, que todo sea un sólo sentimiento, ese extraño vibrar que la mayoría de las veces se siente entre las costillas, pero que recorre desde la frente y el cuello y sigue por brazos y piernas y causa un ligero cosquilleo, un temblorcito que asusta por lo profundo y arraigado que está… y entonces tal vez no sea simplemente un sentimiento y un estado de ánimo, sino una condición, un estado de vida.

¿Y si es así? Me da miedo saberme atrapado en el vórtice de los sonidos incompletos y las palabras no dichas. Recordar imágenes no vividas olvidando las experiencias propias. Levantarme escuchando un buen disco y sabiendo que va a ser un buen día, pero intuyendo al mismo tiempo el cosquilleo familiar de lo inasible que se forma de a poco atrás del cuello, como sabiendo que es débil pero esperando al largo camino de la deportiva a la escuela o de regreso, donde bajo mis defensas y quedo a merced de mí mismo, el tiempo detenido indefinidamente en esos diez minutos de caminata reflexiva. Y entonces me doy cuenta de las dicotomías absurdas, la felicidad/tristeza de la noche más hermosa imaginable para caminar de vuelta tras un día con un dibujo y una empanada, y el eterno cosquilleo de la vida en el mundo envuelto. La soledad/aglomeración del camión donde casi respiras la piel del otro, donde sientes el calor y el contacto de tantas y tantas personas que te rodean y hacen evidente la cercanía, pero más que nunca antes inmerso en ti mismo al sentir en cada persona una forma más, una sombra que se desvanece al instante de bajar del camión, a los dos segundos de cruzar una calle, figuras en un constante movimiento que extrañamente tienden a alejarse del vórtice cada vez más poderoso e inclemente hacia el que te diriges… llego a mi propia calle, donde el faro de luz fría parpadea y me dice que no he encontrado respuestas hoy, pero que al mismo tiempo, sé lo que nunca imaginé que sabría a esta hora en este día…

Ideas…

•Noviembre 20, 2009 • Dejar un comentario

En mi mente ordenaba ideas que poco a poco tenían sentido. Pero todo se vino abajo en cuanto me di cuenta dónde estaba. En clase, mientras escuchaba a lo lejos la explicación, a menos de un metro de ti. Sentada definías cada una de las líneas de tu cuerpo, el hermoso perfil de tu rostro, la curvatura de tu espalda, la suavidad de tu cuello con la piel tan solo ligeramente enchinada, tienes un poco de frío… y creo que la respuesta a toda pregunta la podría encontrar en el suave movimiento pendular de tu pie que flota libremente a centímetros del piso…

Frío y un raro sueño…

•Noviembre 12, 2009 • Dejar un comentario

En los últimos días ha estado haciendo bastante frío. Pero es una sensación rara, como si en realidad el ambiente estuviera normal, y el frío fuera interior, creado por mí en cada movimiento. Supongo son solamente las ideas raras que se me ocurren para justificar usar un par de chamarras y un gorro. Escuchando un disco prestado me pongo a recordar el sueño que tuve ayer. Nadaba en una alberca de noche, con algunas figuras borrosas pero conocidas, podría decirse que nadaba con esencias de personas que conozco. En algún punto me daba cuenta que podía caminar sobre el agua, que todos podíamos. Era como si el asfalto de la calle (ahora no estaba en una alberca sino en la calle) fuera líquido, o más bien, como si debajo de él estuviera el agua y camináramos sobre ella. Y entonces decidíamos que lo mejor que se podía hacer ante tal descubrimiento era correr y atrapar un balón…

Leche tibia…

•Noviembre 4, 2009 • Dejar un comentario

No recuerdo haberme sentido tan incómodo como ese día. Por lo menos no hace un buen rato. Pero quizá era justo lo que necesitaba, el escupitajo en el rostro, la mirada fría del desengaño. Y entonces terminar de quitarme el velo autoimpuesto, confrontar las preguntas sin respuesta, mis propias preguntas, y responder lo único que era y que me ocultaba. Y así, sin esperarlo de ese modo, llega una especie de desenlace, el cierre de un libro roído por el tiempo y las páginas amarillas. Quizá sea una pausa, tal vez sólo esté intentando postergar (¿la situación? ¿postergarte a ti?) de forma indefinida, pero por ahora se cierra la pasta desgastada.

Me enfrento de nuevo a la vida real, más allá de las palabras. Un nuevo comienzo, un nuevo libro por leer, quién sabe, tal vez descubra mi novela favorita en las páginas insospechadas de una misteriosa edición, extrañamente familiar, pero de un recuerdo vago y ocre. Como sea, parece que el vacío convectivo empieza a tomar algo de consistencia, y poco a poco se aleja de una helada sensación y se vuelve algo más cercano, como un baño en agua tibia o un vaso con evidencia de la leche recién bebida.

Fertile earth-mother, your burial mound is fifty feet down in the Baker Street underground… (What the hell!)

Y… ¿ahora?

•Noviembre 3, 2009 • Dejar un comentario

Sólo eso…

Despertar…

•Octubre 31, 2009 • Dejar un comentario

Abro los ojos al solitario despertar de no tenerte. Alcanzo a acariciar los últimos instantes del sueño, donde tal vez existía en un universo alterno donde otra ciudad y otra escuela y otra tú y otro yo.

Aparentemente…

•Octubre 30, 2009 • Dejar un comentario

Está tardando y doliendo más de lo esperado. Ya no sé siquiera si prefiero seguir intentando alejarme de tí y olvidarte, o mantenerme tan cerca como me permita tu lejanía. Había decidido que me dejarías de importar, me había convencido de la necesidad de extraerte por completo, y tenía sentido. Tenía sentido irme, desaparecer; así estuvieras a mi lado yo no te sentiría ahí, caminando por la calle no te vería en un paso o una nube. Pero aparentemente he avanzado menos de lo que esperaba, si por avance puede llamarse el tomar conciencia de qué tan mal van todos mis intentos…

Supongo no ayuda en lo absoluto escuchar el disco que compré en la escuela, de un grupo que me agradó bastante en vivo. Ahora cada una de las canciones parece hecha de hielo, no de hielo sino en sí resbalosa, como un movimiento incesante que no lleva a nada,  una caída mental de vuelta al vórtice infinito de tu imagen y tu nombre, no se pueden meter las manos porque impulso electromagnético o instante de abandono, lo que sea pero no es material, no se puede definir ni mucho menos intentar anular.  A todo esto sigo sin entender el semáforo cayendo sobre un auto aleatorio, el choque, la herida en la frente, si no te importa voy a bajar a ver si puedo hacer algo al respecto, por lo menos ayudar al hombre a salir del coche. Herido en la frente. Tranquilícese, no vamos a poder cargar el coche entre los dos. Llega un policia, y otros dos, y supongo se encargarán y supongo estoy de más, y justo a tiempo porque el camión donde alguien se quedó cuidando mi mochila arranca de nuevo, casi se lleva mis cosas y me quedo en medio de la nada tan solo con un hombre y con un choque. Pero el choque es del hombre, mía sería en todo caso la herida en la frente, en su rostro cae sangre, pero en el mío no porque mi herida no es de un choque o un semáforo cayendo. Otra vez soy yo, pero eres tú. No tiene sentido. Supongo que así es esto, se me ocurre pensar que a veces se gana y a veces se pierde. Pero como siempre, de nuevo y desde que te ví por primera vez, te vuelvo a perder en el estado normal de las cosas, ese donde lo único real es un desierto de calles y choques y semáforos y heridas en la frente y procesos mentales extraños donde paso de todo eso a tu imagen y tu nombre en un vórtice al infinito. Y aun así…

Momentos…

•Octubre 13, 2009 • 1 comentario

Hay momentos en los que simplemente me pierdo, me voy. Me ofreces llevarme hasta el punto en el que nuestros caminos se dividen, y por supuesto acepto, la escena se ha repetido invariablemente. Hablamos, y aunque ya no me cuesta trabajo encontrar qué decir, como antes cuando los largos silencios se alternaban uno tras otro sin palabra que marcara la pauta entre ellos, sé que diga lo que diga será solo un largo rodeo, una forma que se esconde detrás de preguntar qué tal vas con el diseño de arte del disco que te encargaron, una pared que hace la sombra en la que se oculta un te quiero vestido de claro que terminas a tiempo. Muy a pesar mío, y de las luces verdes que quieren ser rojas siempre, terminamos por llegar al punto de quiebre. Me despido como el amigo al que dejas un poco más cerca de su casa, esperando que entiendas que nos vemos solo es una carcaza dentro de la cual existe un mundo inexpresado, escucho tu adiós que es eso y no más.

Ya llegando a casa me paso de mi bajada. La veo casi en cámara lenta, el camión frena para cruzar el tope, y ya del otro lado empieza a avanzar de nuevo. Me doy cuenta de cada uno de los detalles que hacen mi parada única y diferente a las demás. El cactus poco a poco invade un poste de luz desde el suroeste. La luz fría del poste le da un color que maldita sea, me estoy pasando, efectivamente, sería bueno si dejas de pensar en el hecho de que te estás pasando y haces algo al respecto, como tocar el timbre, ¿por qué no? Y aun así no reacciono… tiene que llegar mi otro yo y gritar desde fuera de mi el sonoro ¡bajan!, mi otro yo nos mueve y salta del tercer escalón, aterriza y empieza a caminar. No es hasta algunos pasos después que me devuelve a la existencia presente, vuelvo a tomar control de mí mismo, y mi otro yo vuelve a dormitar. Pero antes me regaña, me truena los dedos frente a los ojos para hacerme regresar del todo, quiere asegurarse que podré llegar solo a casa, sin que me atropellen o así. Entonces empiezo a caminar. Otra vez paso junto al charco sucio que con movimientos sutiles cuenta la historia de la tarde, otra vez paso junto a la reja tras la que se tejen un número infinito de historias, y de alguna extraña forma que no busco entender, sé que estás ahí.

Creo que sigo esperando encontrarte en cualquier esquina de cualquier decisión. Pero cada paso que intento dar hacia ti es solamente la distancia que recorro para perderte. Y ni siquiera eso tiene sentido, no puedo perderte porque nunca te tuve, solo puedo alejarme de ti tanto como de mi mismo. Volver a mi no es tan difícil, pero contigo no existe acercarme, no existe volver. Solo existe una rara idea que se me ocurre para nombrar el hecho de reventarme la boca contra un cristal a cada paso que doy.